1.3 LAS CRONICAS DE INDIAS
Las Crónicas de Indias
con criterio
Δ Destrezasdesempeño:
de
Analizar en las crónicas de
Indias algunas características
del realismo mágico.
Información
26
Otredad: noción de reconoci-
miento del Otro como un indivi-
duo diferente al Yo, que permite
asumir la identidad. De esta forma,
se comprende lo que es un hombre
(Yo) al enfrentarlo al concepto de
mujer (Otro). Suele colocarse al
Otro como parte de la periferia:
barbarie, indígena, mujer, esclavo.
Debido al cierre de las rutas terrestres hacia la India tras la caída
de Constantinopla en 1453, los comerciantes deben encontrar una
nueva manera de acceder a las especias. Con la invención de la brú-
jula, el mar se convierte en la mejor opción. Es así como Cristóbal
Colón llega a costas americanas por primera vez en 1492.
Una vez conquistado el territorio, empezó la colonización. El descu-
brimiento de oro trajo consigo la necesidad de mano de obra y la com-
pra de esclavos africanos resultaba cara, por ende, la solución se encon-
tró en la población indígena. Para que el trato de los nuevos súbditos de
la Corona no pareciese inmoral, Isabel la Católica aceptó que se aplicara
el sistema de encomienda. Bajo esta institución socioeconómica, los in-
dígenas debían de trabajar a cambio de protección y evangelización.
Durante el proceso de conquista y colonización, los indígenas
fueron tratados como seres inferiores a los españoles. A pesar de tra-
tarse en algunos casos de civilizaciones provistas de estructura social
y económica, religión, arquitectura, pintura y música, fueron evalua-
dos a través de las observaciones españolas, bajo los parámetros de
Europa, quedando justificada la necesidad de traer la civilización a
esta “barbarie”.
Mito del buen salvaje: creencia
popular basada en las teorías na-
turalistas de Rousseau que afirman
que el hombre salvaje está inclina-
do hacia el bien por naturaleza y es
la sociedad la que lo corrompe.
Internet
Aprende más sobre los cronis-
tas de las Indias en http://bit.
ly/17nPHt8
Batalla de españoles contra los indios en Perú, de Prescott.
Tomada de: http://viajeroentrehistorias.blogspot.com
BLOQUE 1 • LO ABUNDANTE Y LO FUGAZ
Diario de navegación de Cristóbal Colón
Fragmento
Cristóbal Colón (República de Génova, 1436 – Valladolid, 1506)
Jueves 11 de octubre:
A las dos horas después de media noche pare-
ció la tierra, de la cual estarían dos leguas. Ama-
ñaron todas las velas, y quedaron con el treo, que
es la vela grande sin bonetas, y pusiéronse a la
curda, temporizando hasta el día viernes, que lle-
garon a una isleta de los Lucayos, que se llamaba
en lengua de indios Guanahaní. Luego vinieron
gente desnuda, y el Almirante salió a tierra en la
barca armada, y Martín Alonso Pinzón y Vicen-
te Anés, su hermano, que era capitán de la Niña.
Sacó el Almirante la bandera real y los capitanes
con dos banderas de la Cruz Verde, que llevaba el
Almirante en todos los navíos por seña con una F
y una Y: encima de cada letra su corona, una de un
cabo de la † y otra de otro. Puestos en tierra vieron
árboles muy verdes y aguas muchas y frutas de
diversas maneras. El Almirante llamó a los dos ca-
pitanes y a los demás que saltaron en tierra, y a Ro-
drigo de Escovedo, Escribano de toda el armada, y
a Rodrigo Sánchez de Segovia, y dijo que le diesen
por fe y testimonio como él por ante todos toma-
ba, como de hecho tomó, posesión de la dicha isla
por el Rey e por la Reina sus señores, haciendo las
protestaciones que se requerían, como más largo
se contiene en los testimonios que allí se hicieron
por escripto. Luego se ayuntó allí mucha gente de
la isla. Esto que se sigue son palabras formales del
Almirante, en su libro de su primera navegación y
descubrimiento de estas Indias. «Yo (dice él), por-
que nos tuviesen mucha amistad, porque conocí
que era gente que mejor se libraría y convertiría
a nuestra Santa Fe con amor que no por fuerza,
les di a algunos de ellos unos bonetes colorados
y unas cuentas de vidrio que se ponían al pescue-
zo, y otras cosas muchas de poco valor, con que
hobieron mucho placer y quedaron tanto nuestros
que era maravilla. Los cuales después venían a las
barcas de los navíos adonde nos estábamos, na-
dando, y nos traían papagayos y hilo de algodón
en ovillos y azagayas y otras cosas muchas, y nos
las trocaban por otras cosas que nos les dábamos,
como cuentecillas de vidrio y cascabeles. En fin,
todo tomaban y daban de aquello que tenían de
buena voluntad. Mas me pareció que era gente
muy pobre de todo. Ellos andan todos desnudos
como su madre los parió, y también las mujeres,
aunque no vide más de una farto moza. Y todos
los que yo vi eran todos mancebos, que ninguno
vide de edad de más de treinta años: muy bien he-
chos, de muy fermosos cuerpos y muy buenas ca-
ras: los cabellos gruesos cuasi como sedas de cola
de caballos, e cortos: los cabellos traen por encima
de las cejas, salvo unos pocos de tras que traen lar-
gos, que jamás cortan. Dellos se pintan de prieto,
y ellos son de la color de los canarios, ni negros ni
blancos, y dellos se pintan de blanco, y dellos de
colorado, y dellos de lo que fallan, y dellos se pin-
tan las caras, y dellos todo el cuerpo, y dellos solos
los ojos, y dellos sólo el nariz. Ellos no traen armas
ni las conocen, porque les amostré espadas y las
tomaban por el filo y se cortaban con ignorancia.
No tienen algún fierro: sus azagayas son unas va-
ras sin fierro, y algunas de ellas tienen al cabo un
diente de pece, y otras de otras cosas. Ellos todos
a una mano son de buena estatura de grandeza
y buenos gestos, bien hechos. Yo vide algunos
que tenían señales de feridas en sus cuerpos, y les
hice señas qué era aquello, y ellos me amostraron
cómo allí venían gente de otras islas que estaban
acerca y les querían tomar y se defendían. Y yo
creí e creo que aquí vienen de tierra firme a to-
marlos por captivos. Ellos deben ser buenos servi-
dores y de buen ingenio, que veo que muy presto
dicen todo lo que les decía, y creo que ligeramente
se harían cristianos; que me pareció que ninguna
secta tenían. Yo, placiendo a Nuestro Señor, lleva-
ré de aquí al tiempo de mi partida seis a V. A. para
que deprendan fablar. Ninguna bestia de ninguna
manera vide, salvo papagayos en esta isla».
Fuente:http://bib.cervantesvirtual.com/servlet/
SirveObras/79138363878579052532279/p0000001.htm#I_3
Internet
Texto completo en
http://bit.ly/ZdXQdw
Fecha: Julio 2013
27
LENGUA Y LITERATURA 2 • BACHILLERATO GENERAL UNIFICADO
1. Enlista en orden cronológico las acciones que se relatan
en el texto.
2. Señala en el texto los aspectos del paisaje que llamaron la
atención del cronista.
3. Interpreta oralmente cuál era la visión de Colón sobre la
Conquista de América.
en vi
4. Aplicando el concepto de otredad, describe a los habi-
tantes de América precolonial.
5. Buscar en el Internet el video sobre la crónica de Fray Bar-
tolomé de las Casas respecto a la Conquista y denuncia
en una carta formal los Derechos Humanos que fueron
violentados.
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Declaración Universal de los
Derechos Humanos
Artículo 1 Artículo 2
Todos los seres humanos nacen Toda persona tiene todos los derechos y liberta-
libres e iguales en dignidad y de- des proclamados en esta Declaración, sin distinción
rechos y, dotados como están alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión
de razón y conciencia, deben política o de cualquier otra índole, origen nacional o
comportarse fraternalmente los social, posición económica, nacimiento o cualquier
unos con los otros. otra condición.
Artículo 3 Artículo 4 Artículo 5
Todo individuo tiene derecho Nadie estará sometido a esclavi- Nadie será sometido a torturas
a la vida, a la libertad y a la se- tud ni a servidumbre, la esclavi- ni a penas o tratos crueles, inhu-
guridad de su persona. tud y la trata de esclavos están manos o degradantes.
prohibidas en todas sus formas.
Fuente: www.un.org/es/documents/udhr/
BLOQUE 1 • LO ABUNDANTE Y LO FUGAZ
6. Comenta oralmente la relación que encuentras sobre la visión de América, entre el diario
de navegación de Cristóbal Colón, el texto de Fray Bartolomé de las Casas y el fragmento
del discurso “La soledad de América Latina” de Gabriel García Márquez.
Discurso La soledad de América Latina
Fragmento
Gabriel García Márquez
(Aracataca, 1927 – México, D. F., 2014)
Antonio Pigafetta, un navegante florentino que
acompañó a Magallanes en el primer viaje alre-
dedor del mundo, escribió a su paso por nuestra
América meridional una crónica rigurosa que sin
embargo parece una aventura de la imaginación.
Contó que había visto cerdos con el ombligo en el
lomo, y unos pájaros sin patas cuyas hembras em-
pollaban en las espaldas del macho, y otros como
alcatraces sin lengua cuyos picos parecían una cu-
chara. Contó que había visto un engendro animal
con cabeza y orejas de mula, cuerpo de camello,
patas de ciervo y relincho de caballo. Contó que al
primer nativo que encontraron en la Patagonia le
pusieron enfrente un espejo, y que aquel gigante
enardecido perdió el uso de la razón por el pavor
de su propia imagen.
Este libro breve y fascinante, en el cual ya se
vislumbran los gérmenes de nuestras novelas de
hoy, no es ni mucho menos el testimonios más
asombroso de nuestra realidad de aquellos tiem-
pos. Los Cronistas de Indias nos legaron otros in-
contables. Eldorado, nuestro país ilusorio tan codi-
ciado, figuró en mapas numerosos durante largos
años, cambiando de lugar y de forma según la fan-
tasía de los cartógrafos. En busca de la fuente de la
Eterna Juventud, el mítico Alvar Núñez Cabeza de
Vaca exploró durante ocho años el norte de Méxi-
co, en una expedición venática cuyos miembros se
comieron unos a otros y sólo llegaron cinco de los
600 que la emprendieron. Uno de los tantos miste-
rios que nunca fueron descifrados, es el de las once
mil mulas cargadas con cien libras de oro cada una,
que un día salieron del Cuzco para pagar el rescate
de Atahualpa y nunca llegaron a su destino. Más
tarde, durante la colonia, se vendían en Cartagena
de Indias unas gallinas criadas en tierras de alu-
vión, en cuyas mollejas se encontraban piedrecitas
de oro. Este delirio áureo de nuestros fundadores
Gabriel García Márquez, escritor colombiano.
Tomada de: www.microrevista.com
nos persiguió hasta hace poco tiempo. Apenas en
el siglo pasado la misión alemana de estudiar la
construcción de un ferrocarril interoceánico en el
istmo de Panamá, concluyó que el proyecto era
viable con la condición de que los rieles no se hicie-
ran de hierro, que era un metal escaso en la región,
sino que se hicieran de oro.
La independencia del dominio español no nos
puso a salvo de la demencia. El general Antonio
López de Santana, que fue tres veces dictador de
México, hizo enterrar con funerales magníficos la
pierna derecha que había perdido en la llamada
Guerra de los Pasteles. El general García More-
no gobernó al Ecuador durante 16 años como un
monarca absoluto, y su cadáver fue velado con su
uniforme de gala y su coraza de condecoraciones
sentado en la silla presidencial. El general Maxi-
miliano Hernández Martínez, el déspota teósofo
de El Salvador que hizo exterminar en una ma-
tanza bárbara a 30 mil campesinos, había inven-
tado un péndulo para averiguar si los alimentos
estaban envenenados, e hizo cubrir con papel
rojo el alumbrado público para combatir una epi-
demia de escarlatina. El monumento al general
Francisco Morazán, erigido en la plaza mayor de
Tegucigalpa, es en realidad una estatua del ma-
riscal Ney comprada en París en un depósito de
esculturas usadas.
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